4.7.08

Capitulo 3 - "Dime Con Quien Andas Y..."

I

-Pocas Palabras-

“Whisper a Prayer For The Dying”

-Coverdale/Page-

Me levante y me pregunte si era prudente espiar. Tal vez se había tropezado con las cosas de limpieza, que por cierto las había dejado desparramadas por el suelo, y todo este mal trago fue solo un susto. Pero tal vez no.

- ¡Miguel! –Grito Luis dentro del cuarto – ¡Miguel! – Parecía no haber respuesta alguna. ¿Donde estaba su compañero?

Lentamente y cuidando mis movimientos asome la cabeza por la puerta que comunicaba al fondo. Luis avanzaba de espaldas a mi obstruyéndome gran parte de la vista, y no había rastros de Miguel por ningún lado, por lo menos no que o viera.

Lo oí maldecir en voz baja mientras observaba la salida a la calle con una mezcla de suspenso y bronca, avanzaba despacio, tan despacio que comenzaba a ponerme nervioso. Una vez que se hizo a un lado y se dispuso a salir a la calle pude ver lo que inquietaba, una salpicadura de sangre adornaba mi pared celeste. Y la había pintado solo hace un mes.

Casi parado sobre el umbral de la puerta Luis recibió un golpe en la cara tan fuerte que lo arrojo contra la pared opuesta con el rostro bañado en sangre. No podía estar muerto. No por uno de esos goles, no para mi, pero lo parecía.

- ¡Diego! – Dijo al entrar –, los vi entrar acá justo cuando doble a la esquina, no sabia que hacer, te lo juro - Era nada mas ni nada menos que Diego Fernandez en persona, nada mas ni nada menos que el responsable de esta realidad -, ¿Estas Bien?, ¿Te hicieron algo?. – Había golpeado a los intrusos con una caño de hierro oxidado de un metro aproximadamente y fue eso que apoyo sobre un aparador.

Si hubiera podido ver mi rostro probablemente me hubiera asustado, Diego parecía muy ocupado en sus pensamientos como para observar mi furia interna.

- No, porque no llegaron – había tantas cosas que preguntar que me quede callado.

- Ya se, no entendes un carajo. – Tomo un respiro y prosiguió -Es una larga historia que hasta dudo entender yo, pero tenés que venir conmigo.

- ¿A dónde?, ¿Para que?, ¿Qué mierda querés acá? – Ese era un comienzo, algo es algo.

- A donde no se. Pero acá no estamos seguros, estos tipos me quieren matar, como vos me conoces, te van a matar también…

- No no no, yo no te conozco. –Hice una pausa mientras negaba con la cabeza - Te conocía, y hace mucho tiempo – interrumpí su monologo por unos segundos para intentar hacerlo entrar en razón -, explicale a este cadáver que yo no tengo nada que ver con lo que sea que se supone que tengo que ver y andate de acá.

- No entendes nada, que vengas conmigo no es una opción. O mas bien es la única opción que tenés en este momento. Esta gente es mas grosa que la policía, no te van a dar pelota, es mas, van a saber donde estas y te van a venir a buscar otros mas de estos – dijo señalando al medio muerto Luis.

- El que no entiende nada sos vos, no me voy a mover de acá sin saber que mierda pasa, Diego, ¡La puta madre, mirate lo que sos!, ¿Qué carajo querés que haga? – Me tome de la cabeza como intentando calmar el dolor que me estaba causando la situación – Osea, ¿Qué pretendes?, ¿Que no pregunte nada o que?

- Pretendo que me acompañes a salir de acá, y cuando estemos seguros te explico todo, todo lo que quieras saber – Usualmente Diego Fernandez era el que hacia reír, pero la situación definitivamente hacia llorar. A mi por lo menos me brotaban ganas de tomar el caño de hierro y usarlo contra el -, o por lo menos todo lo que yo se.

Pensé, Juro que en fracción de segundo pensé muchas cosas. Pero nada tenia sentido, así que me pareció que invitarlo a dar un paseo en mi auto minimamente me iba a despejar un par de “X” de la problemática. Coloque segundos de suspenso y lo mire con una de mis peores expresiones, de esas que el conocía bien.

- Mi auto esta del lado de enfrente del negocio – Dije señalando hacia la puerta delantera -. Nos alejamos y después te doy diez minutos para largar todo.

Cerré el local rápidamente y corrimos hacia el auto esquivando la lluvia que caía fuera. Nos refugiamos debajo del techo del auto y arranque sin rumbo alguno y por ninguna razón lógica. No se quien era que manejaba, pero seguramente había robado mi cuerpo y estaba cometiendo locuras.

- Mafú, ¿Te acordas de él? – Me pregunto

- Lucas, si, le decíamos “El Gato”. ¿Qué Pasa?

- Si, ese. Bueno, todo empezó con él.

Hice dos cuadras derecho, y doble hacia la izquierda.



II

-Sueños Insolitos-

“Now I feel Im growing older
And the songs that I have sung echo in the distance”

-Deep Purple-

Desde aquel día que lo conocí era fanático de la lucha libre, y siempre quiso ser luchador profesional. Solía decir “Acá el Wrestling no existe, tenemos programitas como 100% Lucha y por eso estamos así, yo me voy a ir a México, vas a ver, allá si que se respeta ese tipo de cosas”, nosotros reíamos a carcajadas al escucharlo y le festejábamos el chiste que no era tan chiste, y que definitivamente dejo de serlo el día que partió.

Había hecho conocidos por Internet que clamaban poder contactarlo con gente influyente en el mundo de la lucha y trabajo durante años de operario en diferentes fábricas para juntar el dinero necesario para viajar sin mas que sus ganas de enmascararse.

Zuhair se fue de Argentina a los 25 años, se nacionalizo en México años después y vive allí hasta el día de hoy. Seguimos comunicándonos vía mail durante un año y medio, tal vez dos, pero luego perdimos contacto.

Entro en aquel país en búsqueda de un sueño para mi un tanto absurdo e insólito, pero de eso se tratan los sueños.

Los problemas surgieron cuando comenzó a buscar a las personas que le prometieron el cielo y se encontró con un infierno que no pudo controlar. Sin contactos que lo acomodaran se vio imposibilitado momentáneamente a seguir los planes y se dispuso a buscar trabajo por su cuenta.

Luego de un año, se encontraba viviendo en una vecindad de renta mínima y trabajando en un restaurante con un sueldo aceptable para el puesto de mozo. Frecuentaba burdeles, casas de juego, fumaba y aunque sin perder la forma, había subido de peso.


Continuara…


7.8.07

Capitulo 2 – “Las vueltas de la vida”

I
-Los Hombres de Negro-

“If You Having Girl Problems, Thats Too Bad For You Son,
I Got 99 Problems But The Bitch Ain’t One”
-Jay-Z-

- Quien Habla? – Pregunte consternado
- ¿Diego? – la voz de un hombre y definitivamente lo conocía –, ¿Sos vos Rapero?
- Si, Diego Acuña – Pocas personas me recordaban por ese pseudónimo, pero arriesgaba solo un nombre.
- Gracias a Dios que te encuentro boludo – parecía jadear, como si estuviera corriendo, estaba agitado -, pensé que habías cambiado el celular o algo.
- No, sigo teniendo el mismo numero – hice un pequeña pausa y proseguí – pero, ¿Quién Habla? – la conversación comenzaba a ponerme nervioso.
- El Gordo – dijo -, Ya ni me conoces la voz, ¿no?
Diego Fernández llamándome por teléfono era algo demasiado raro como para no desconfiar de la situación. Ni llegaba a recordar cuando había sido la última vez que aquello había sucedido, pero estaba seguro de que había pasado mucho tiempo.
Su voz, si bien era la misma, denotaba tristeza.
- En realidad la conocía – conteste sonriendo -, pero me costaba pensar quien podía ser. Además, perdí tu número la última vez que cambie el celular…
- No puedo hablar mucho ahora, pero necesito tu ayuda – diferencie un brusco cambio de humor en su voz, definitivamente estaba corriendo, y de fondo se escuchaban automóviles frenando y gente hablando, deduje que se encontraba en plena calle -, ¿Todavía tenés la oficina en el mismo lugar? – pregunto tomando un respiro.
- Si Diego, en el mismo lugar – me preguntaba en que podía ayudarlo precisamente yo, y nunca me gusto quedarme con alguna duda -, te espero entonces.
- Bueno dale, voy para allá – se detuvo a tomar otro respiro -, esperáme que en media hora estoy - y corto la comunicación.
Conversación extraña si las había.
Me quede recordándonos adolescentes por un segundo, y sonreí en medio de la confusión. ¿Qué era lo que estaba pasando?. Eso era justo lo que quería averiguar pero, por ahora, Diego sería una simple visita inesperada.
Guarde el celular en el cajón de siempre y encendí la radio, no soportaba el silencio extendido y mientras repasaba la conversación mentalmente afuera la lluvia comenzaba a mojar el asfalto y la gente se había esparcido o refugiado en sus casas dejando a la calle casi solitaria, arriesgaba que iba a granizar.

Pasaron dos horas desde el inesperado llamado y me resigne a la idea de que había sido una confusión, o tal vez había resuelto el problema sin mi ayuda. Entonces me dirigí al fondo de la oficina, donde tengo preparada una suerte de cocina, y encendí el fuego para calentar agua, pensaba que el clima ameritaba por lo menos un té, y mientras apoyaba la pava escuche que llamaban a la puerta.
“El Gordo”, dije hacia mis adentros.
Me asome a espiar si estaba en lo correcto, pero no. Un auto negro había estacionado en frente y dos hombres esperaban ser atendidos hablando entre ellos bajo la lluvia que empapaba sus trajes negros y despeinaba sus cortos cabellos. El día se tornaba cada vez más enigmático.
Me acerque con las llaves y abrí la puerta.
- Buenas tardes – dije cortésmente al atender – pasen, esta jodido el clima para quedarse afuera.
- Ciertamente – dijo el mas alto -, esta jodido. Esta lluvia es insoportable. Permiso – Concluyo
- Si, por favor – no me parecían demasiado confiables, pero no tenia mas que mi intuición como evidencia -, tomen asiento – dije señalando las sillas frente al escritorio mientras yo me acomodaba en mi sillón y apagaba la vieja radio.
- ¿Diego Acuña es usted verdad? – preguntó el petiso.
- El mismo – Si, sabían mi nombre, pero seguía sin significar nada -, ¿En que puedo ayudarlos?
- Mi nombre es Luis Ángel Duantan – para mi, el mas alto de los dos. Su rostro no inspiraba ningún tipo de amistad, a primera vista parecía un hombre bastante complicado, serio y arriesgaría que hasta violento. Por su forma de hablar también era respetuoso, y el responsable de los dos – y el Señor a mi lado es Miguel Herrera, mi secretario – dijo sonriendo y señalando al individuo a su derecha, quien parecía ser su especie de mulo y quien por cierto no parecía tener problema con que lo calificaran como tal -, sentimos molestarlo en su horario laboral por eso vamos a tratar de ser breves.
- No hay ningún problema – interrumpí -, dígame.
- Tenemos entendido de que usted conoce al Sr. Fernández Diego – continuó Luis apoyando sus codos en el escritorio -, y que hace unas horas recibió un llamado a su celular – sospechosamente sabían de la extraña comunicación -, ¿Es esto verdad?
- Conozco al Sr. Fernández, así es – respondí -, somos viejos amigos de la infancia, pero no, no recibí ningún llamado, de hecho, hace años que no nos vemos – no sabia porque me pareció necesario ocultar esa parte de la información, en definitiva ni sabia quienes eran estos individuos -. Pero, no entiendo, ¿Quiénes son Uds.?
- Esa pregunta ya la contestamos, Luis y Miguel, como el cantante, pero por separado –miro con complicidad a su secretario y sonrió al responder tan perspicazmente, casi orgulloso de su intelecto.
- Perdón, pero carezco de humor alguno – respondí -. Reformulo la pregunta, ¿Quiénes son Uds. para venir cuestionarme de esta manera? – mi semblante se torno repentinamente serio, ya no me gustaba nada la forma en que se comportaban.
- Creo que usted sabe muy bien quienes somos – la sonrisa dibujada en su rostro se desvaneció y fue reemplazada por una mirada intensa y acusadora -. ¿Y sabe que?, creo también que también esta al tanto de que es lo que buscamos.
- Estoy al tanto de que buscan a un viejo amigo, de eso estoy al tanto. Y yo creo que están muy mal informados – no tenia otra opción que contestar cortés y seriamente, debía lograr que se retiren por las buenas y averiguar que estaba sucediendo -, les repito que hace años que no nos hablamos, ahora por favor retírense. No necesito ningún tipo de escándalo en mi oficina.
- Si no tiene nada que ocultar, entonces calculo que no tendrá problema con que simplemente Miguel revise el fondo – propuso casi sin darme opciones -, ¿Verdad?
- Si, tengo problemas con que Miguel revise el fondo – poniéndome de pie y tomando las llaves los invite a salir -. Por favor, acompáñenme a la puerta.
- Me parece que todavía no tiene clara su situación – permanecía sentado - Se la voy a explicar brevemente – respiro profundamente antes de proseguir con su amenza-. Usted se va a callar la boca y va a dejar de cuestionarnos porque no quiero ninguna queja más – y concluyo retirando de su saco un revolver color plata que termino de cerrar mis dudas.
Y claro, faltaba un arma para que mi vida se convirtiera de repente en una película de Hollywood, y ahí estaba, apoyada sobre el escritorio de mi oficina, custodiada por un hombre que intimidaba con simplemente mirarte. Obviamente hasta allí llego el héroe, no me quedo mas que dejarlos revisar.
De fondo se escuchaba la lluvia al golpear los charcos en el asfalto tan claramente como si estuviera sucediendo dentro de la oficina.
Miguel no cruzo la puerta del fondo sin antes desenfundar su arma también, y apoyado contra la pared se dispuso a entrar sorpresivamente.
- Entra de una vez, ¿Querés? – Dijo Luis tomándose el cabello -, no me quiero quedar a dormir.
- Si Jefe – respondió Miguel al abrir la puerta con un fuerte puntapié y arrojándose dentro de mi cocina rápidamente para aterrizar en el suelo -. No hay nadie Jefe – una vez dentro, obviamente, lo perdí de vista, pero por lo que podía escuchar ya se había puesto de pie y se sacudía el saco mientras avanzaba.
- No demos mas vueltas Diego – me susurro Luis creando círculos imaginarios con su revolver en el aire -, si sabes donde esta tu amigo decímelo ahora, y nos evitamos varios disgustos – no respondí.
- Jefe, venga a ver esto – llamo Miguel un tanto alterado – Tiene una puerta que da a la calle, y esta abierta.
Luis fijo su mirada en mi persona y golpeo el escritorio con su mano. Si, estaba disgustado, y bastante.
- Si, hay una puerta en el fondo – remarque encogiendo los hombros -, da al otro lado de la calle y justamente suele abrirse con el viento. No entiendo que tiene que ver eso…
Justo ahí mi declaración era interrumpida por un sonido seco, seguido de un grito desgarrador. Luis se puso de pie empuñando su arma, y casi sin darme cuenta ya se encontraba corriendo a investigar. ¿Qué había pasado?
Me quede solitariamente sorprendido con lo que estaba sucediéndome, definitivamente no era un día normal en mi vida, nunca me había pasado nada que no estuviera planeado y todo esto definitivamente no estaba en mis opciones mentales. Sentía una adrenalina fuera de lo normal y sin poder contener mis ansias de saber, me dispuse a investigar por mi mismo.

II
-La Solución-

“Tell the rumbler, the gambler, the backbitter,
Tell’em that god’s gonna cut’em down”
-Jhonny Cash-

Se quedo pensando toda la tarde allí sentado en el frío suelo de su comedor sin encontrar solución a su situación. Necesitaba poco más de cincuenta mil pesos antes del lunes para lograr que, al menos, no lo asesinen a sangre fría, y solo tenía un puñado ahorrado por si sucedía algo inesperado.
Esto sí era algo de esperar, sabia que algún día sucedería, y aun así no le alcanzaba para cubrir ni el diez por ciento de su deuda.
Contemplo la idea de escapar, de tomarse el primer avión que salga a cualquier parte del mundo y no detenerse hasta encontrar un lugar donde refugiarse el resto de su vida. Pero sabía que esa opción solo le arruinaría la existencia, pues viviría con la idea de que iba a llegar el día en el que despertaría con tres disparos en el pecho. Y la descarto.
Las lágrimas no dejaban de rozar su rostro y afuera la tormenta no cesaba.
Tocaron a su puerta.
- ¿Quién es? – pregunto paranoico al ponerse de pie.
- ¡Mafú gorda, abrí!
Lucas, alias Mafú, era un amigo de su infancia. Pequeño en estatura, de ojos oscuros y cabellera prominente siempre resultaba ser el más gracioso en cualquier situación. A mi criterio se parecían en un aspecto, no se tomaban nada en serio. Vivian en el mismo barrio, y solían juntarse todos los fines de semana con el resto del grupo en alguna de sus respectivas casas a tomar algo mientras jugaban al “Truco”, pero eso había terminado años atrás, y últimamente solo se veían si era absolutamente necesario.
Diego busco las llaves con la mirada, las encontró detrás del vaso de agua del que había estado tomando y abrió.
- Dejáme pasar boludo – dijo Lucas abriéndose paso con su bolso a cuestas -, y cerrá con llave.
Miro por unos segundos a su invitado como explicándole que no le tendría que estar diciendo que hacer. Pero cerro, y con llave.
- ¿Estuviste llorando gordo? – continuó Mafú entre respiros - ¿Que paso ahora? – Lucas parecía demasiado nervioso, tenía los ojos irritados y no paraba de temblar -. Ni me contestes. Dejáme que te muestre algo – concluyo apoyando el bolso en el suelo.
- Lucas, no estoy de humor para que me muestres nada de las cosa que vendes– dijo Diego mientras tomaba asiento en una de las sillas que rodeaban la mesa de su comedor -. Y no, no estuve llorando, recién me levanto.
Mientras, Mafú intentaba abrir el cierre del bolso desesperadamente, al parecer estaba atascado y no se le hacia nada fácil..
- No tenés idea lo que tuve que pasar Gordo – los nervios le dificultaban aun mas la apertura -, no puedo creer que haya hecho lo que hice – Se tomaba largos respiros antes de pronunciar cada oración. Diego lo conocía de hace años y nunca lo había visto así, con la mirada perdida, pero aun no entendía que era lo que Mafu pretendía y estaba seguro de que sea lo que sea, debía tomarlo con mucho cuidado -. No se que paso al final con todos los que estaban ahí, pero yo me fui – dijo mientras le aplicaba un puntapié al bolso-. ¡Mira esto!.
Abrió el cierre por completo y revelo el interior, dentro del bolso había más dinero del que Diego podía haber imaginado ver en toda su vida. No tenia idea de la cantidad, pero arriesgaba mentalmente que eran por lo menos dos millones de pesos en billetes de cien. Por unos momentos se mantuvo en silencio, simplemente observando la salvación que estaba esperando, no podía creer que se le haya presentado tan fácilmente, y fue justo eso lo que lo hizo dudar.
- ¿De donde sacaste esto Lucas? – pronuncio mientras se arrodillaba a revolver entre los billetes -. Es muchísima plata. ¿Qué cagada te mandaste?
- Eso es justo lo que vengo a contarte – comenzó a caminar en círculos mientras relataba su historia.

III
-El Atraco-

“When The Music Is Over”
The Doors

La situación se venia cocinando hace un par de semanas ya. Tenían un contacto dentro del banco, que los había informado de todos los movimientos de dinero que se realizaban en un día normal y estaban al tanto de la seguridad con la que el banco contaba, tanto dentro, como fuera del establecimiento.
El plan era confiable, sabían que cabía la posibilidad de que se vea alterado por situaciones que no habían considerado, siempre había imprevistos, pero para resolver esos posibles inconvenientes era que llevaban las armas, así que no deberían haber problemas mayores.
Detuvieron el viejo Renault 12 del padre de Lucas frente al Banco Nación ubicado en la localidad de San Esteban. El barato reloj de plástico que Adrián llevaba en la muñequera marcaba las doce del mediodía, justo el horario en que, según Bernardo, su contacto, el camión blindado llegaba a retirar el dinero acumulado, hora en la que debían ingresar.
- Bueno che, adentro nomás – Lucas estaba demasiado nervioso, tartamudeaba al hablar, pero sabia que el reloj corría -, ya estamos jugados.
- ¿Trajiste las mascaras? – pregunto Adrián.
- No pude conseguir las que queríamos – remarco encogiendo los hombros -, asi que le robe a mi hermana las que le habían quedado del cumpleaños – tomo un bolso del asiento trasero y abrió su cierre -, igual, despreocupáte, no van a saber quienes somos con estas – concluyo retirando del bolso dos caretas.
Adrián tomo una en sus manos y observo ambas por unos segundos. Pensó en abandonar todo y volver a su hogar, no se creía capaz de usar una careta de aquella vieja serie para niños que tanto llego a odiar de joven, los “Teletubbies”.
- Bueno che, hice lo que pude – contesto Mafú a la expresión obvia de descontento de su compañero -. Vos quedáte con la violeta que por lo menos no esta rota.
- Sos un hijo de puta – respondió Adrián mientras retiraba una escopeta del asiento trasero -. Tomá, salgamos antes de que te golpee.
Ahí fue que vieron al camión blindado cruzar la esquina y dirigirse hacia el banco. Según el plan, ellos debían entrar segundos después que los agentes de seguridad, tomarlos por la espalda, desarmarlos y usarlos como rehenes al ingresar; encerrar a todos los clientes dentro de algún cuarto, tomar el dinero que estaba dispuesto a ser retirado por el camión y partir con los rehenes a cuestas rápidamente.
Se colocaron sus respectivas mascaras, se armaron y abrieron las puertas del Renault dispuestos a realizar el primer gran atraco de sus vidas.
Cruzaron la calle corriendo y entraron desaforadamente. La puerta de calle daba a un pasillo que terminaba en una escalera corta, al subirla, una puerta comunicaba con la sala de espera y las cajas.
Una vez dentro, reducieron a los agentes de seguridad por la espalda y los obligaron a entregar sus armas sin ningún inconveniente. Lo siguiente era ingresar a la sala de espera con sus rehenes a cuestas, y eso se dispusieron a hacer.
- Mandáte vos primero, pega unos gritos y después entro yo – ordeno Lucas un tanto nervioso mientras apuntaba con su escopeta a la cabeza del guardia.
Adrián tomo a su rehén por las ropas y lo arrastro por las escaleras. Todo pasaba demasiado rápido por su cabeza, no había tiempo para detenerse y pensar en nada, sabia que el plan tenia demasiados agujeros por los cuales mirar, pero necesitaba el dinero y a estas alturas no le quedaba ninguna salida.
Ingreso a la sala de espera y disparo hacia el techo para llamar la atención de los presentes.
- ¡Todos al piso ya! – Exigió -, ¡Esto es un asalto! – siempre había querido decir eso en voz alta, ¿Quién no?.
Luego de que Adrián desarmo a los guardias del banco y tenía controlada la situación dentro, Mafú ingreso con el rehén a cuestas y obligo a todos los presentes a colocarse contra la pared, observo rápido pero cuidadosamente los rostros de todos los clientes y empleados, sus expresiones de terror eran algo inexplicable, y le llamo la atención que Bernardo no se encontraba en ningún lado.
Adrián tomo de la ropa a un empleado del banco y lo arrastro hasta las cajas obligándolo a entregarle las bolsas de dinero que estaban destinadas a trasladarse.
Y ya con el botín en su poder lo único que restaba era volver al vehiculo y escapar, pero antes se le ocurrió otro posible destino.
- ¿Dónde están las cajas fuertes? – pregunto al empleado.
- En el fondo, pero yo no tengo la llave – respondió.
- ¿Quién la tiene entonces?
- El gerente – resalto señalando a la multitud -, es aquel de camisa rayada, el tercero de la fila, Rodolfo se llama – al maleante le sorprendió la manera en la que se le puede sacar información a alguien cuando se lo mantiene bajo el calor de un arma.
- ¡Mafú, trae a aquel de camisa rayada! – grito a su compañero
- ¡Vámonos boludo!, ya estamos completos – pensaba que el permanecer ahí por unos minutos mas seria suicidio -, no jodas, no hay tiempo.
- ¡Traélo dije! – Adrián se consideraba bastante espontáneo, en aquel momento permanecía demasiado exaltado y no midió ningún tipo de consecuencias. Si bien sabía los riesgos que estaban corriendo, no estaba satisfecho con lo que ya tenían en su poder.
Lucas se vio obligado a quebrar los planes contra su voluntad, tomo a Rodolfo y bajo amenaza lo traslado hacia el objetivo. Adrián había puesto en marcha una simple locura que se le había cruzado en un momento inoportuno, Lucas no estaba nada contento con lo que estaba sucediendo.
Obligaron al gerente a habilitar las copias de las llaves y se dispusieron a irrumpir en la privacidad. El pasillo detrás de las cajas comunicaba con una especie de puerta blindada que daba acceso a las cajas de seguridad de los clientes más exclusivos del banco. Ingresaron con las llaves del gerente y sabotearon varias cajas al azar, joyas, dinero, papeles, documentos, fotos, todo lo que estaba a su alcance fue a parar en una bolsa. Recién cuando Adrián se dio por satisfecho fue que iniciaron el escape.
Usaron a los guardias de burros de carga y los obligaron a llevar todo el botín al hombro. Rápidamente cruzaron la puerta que daba a las escaleras de la entrada y se dirigieron a la salida exterior y fue justo antes de cruzarla que Mafú escucho un estruendo a sus espaldas.

Adrián recibió tres disparos que terminaron por completo con su vida, y se desplomo en el suelo ante su sorprendido compañero. Para Mafú el tiempo se detuvo por unos instantes, se remonto mentalmente a la infancia y a todos los momentos que había compartido con aquel individuo que tenía enfrente y no tuvo otra opción que responder al ataque con más disparos que desembocaron en la inevitable muerte del guardia.
El pasillo era un río de sangre y Lucas, sin demasiadas opciones, tomó las bolsas que pudo cargar y partió hacia el auto a las corridas.

17.7.07

Capitulo 1 - "Dinero"

I
-Cambios-
"I'd love to go back to when we played as kids,
but things change, and that's the way it is...
"
Tupac

Me considero un tipo bastante temperamental.
Mas por las mañanas. Sabia que aquella no iba a ser la excepcion. Era demasiado temprano como para mantener mi cordura. Pero alli estaba, frente al espejo del baño observandome envejecer. Treinta y dos años, seis meses y veintitres dias de vida si mis calculos no eran erroneos.
Note que me habia crecido la barba mucho mas de lo normal. Decidi afeitarme, pero me termine dejando una especie de chiva, sonrei porque me recordaba a mis queridos 20 años.
Deje el baño detras y sin hacer ruido abri la heladera en busca de algo refrescante. Se encontraba repleta de gaseosas, pero ninguna de mi agrado. Entonces me servi agua de la jarra en un vaso y tome los tragos necesarios para humedecer mi garganta.
Era momento de cambiarme, asi que una vez en el cuarto abri el guardaropas y retire mi traje favorito, uno negro con rayas grises, de esas que casi ni se diferencian; iba a combinarlo con una camisa blanca y la corbata gris lisa. Bien sobrio.
8 A.M. Ya me encontraba ultimando los detalles del nudo americano que por muchas veces que lo haya hecho, siempre me toma su tiempo.
- Ya te vas? - una voz preacticamente dormida pregunto - Que hora es? - continuo antes de bostezar.
- Si, ya casi - respondi nervioso, enojado con la corbata - Son las... - desarme el nudo nuevamente y mire mi muñeca, el reloj que me habia regalado mi abuela hace años marcaba que era tarde - Mierda, las ocho y media.
- Los nenes, estan durmiendo todavia? - Jessica, mi mujer, era el amor de mi vida, pero aun despues de años de convivencia, no entendia que a la mañana es mejor no molestarme.
- Si amor, duermen - Conteste - Ultimamente es lo unico que hacen -La hermosa ironia, mi unico humor
- Bueno, ellos no tienen la culpa de que los maestros hagan paro todos los dias - Ya se habia levantado, se la escuchaba mas despavilada.
- Ni los maestros tienen la culpa de que su sueldo sea una miseria - la realidad es que si buscas bien, siempre vas a encontrar algo de que quejarte, pero los sueldos no eran dignos, ni para ellos ni para nadie.
- Bueno, si, pero los nenes siguen aca, ya hace tres dias que no tienen clases - Esuche sus pasos. Se detuvo ante la puerta del baño y me beso la mejilla - Buen dia resongon, dejame que te hago ese nudo.
- Esta mierda de nudo y la p... - Ya me habia exaltado, ese simple nudo definitivamente me habia superado.
Siempre me reproche que no merecia tener a alguien como Jessica a mi lado. Pero me consolaba el pensar que su manera de ser me complementaba y resultaba ser reciproco. Si lo pensaba asi, me parecia obvio que todavia estemos juntos. Pero no habia tiempo para pensar y la actualidad era que me habia terminado el nudo en dos minutos.
Ya con la television del comedor encendida y la pava en el fuego, tome el maletin y me dispuse a salir. Aunque eso era justo lo que no deseaba hacer.
- Paaa... - llamo una vocecilla de uno de los cuartos - Papaaa... - Continuo. Deje el maletin de nuevo sobre una de las sillas del comedor y me acerque - A Que hora volves? - Se encontraba tan dormido que casi ni podia separar los parpados.
- No se hijo, calculale a las siete y media, como siempre - me agache para darle un beso en la frente y finalmente partir
- Bueno, traeme un juego, se llama "Killing Motherfuckers", anotalo porque te vas a olvidar - definitivamente ni podia hablar. Si no supiera que estaba despierto hubiera jurado que parecia hablar entre sueños.
- Ok. "Killing Motherfuckers" entonces, ahora lo anoto en el celular - Ese titulo me recordaba a algo, pero no podia descifrar exactamente a que.
Lucas es el mas grande de los dos, tenia nueve años entonces, desgraciadamente habia salido fisicamente una fiel copia mia. Con las caracteristicas ojeras y todo. Hasta el mismo pelo. Mirarlo a el, era como remontarme a los paseos diurnos por Lugano con mi bisabuela, y verme encaprichado, llorando y reclamando juguetes. Pero los chicos de hoy ya no jugaban con muñecos articulados, ahora jugaban juegos electronicos llamados "Killing Motherfuckers" todo el santo dia, idiotas los padres que se los facilitaban.
Ahora si, me tenia que ir. Deje la habitacion, tome el maletin del asiento, bese a mi mujer y abri la puerta. Hacia frio, no mucho.
Fuera, como siempre, me esperaba nuestro perro Frodo, una cruza de Pontier y perro de la calle, que termino saliendo como un Labrador Pigmeo, listo para saltarme encima. Pero antes de que lo haga, lo detuve con un grito seco, obligandolo a frenar. Entonces, resignado, se acerco lentamente a ser acariciado para despedirme.
Una vez montado en mi vehiculo y acelerando el motor para calentarlo, la puerta de casa vuelve a abrirse de repente. Malena se asomaba en sus pijamas de ositos en un claro ademan de "Quiero pedirte algo".
Baje del auto.
- Papaaa - Tenia cinco años, pero sorprendia la forma de hablar que ya la caracterizaba, tenia un dialecto muy fluido y entendible, se podia charlar de cualquier cosa con esta pequeña - Yo quiero chocolates, de esos que traes los sabados.
- Pero hoy no es sabado Malena - Simplemente la molestaba. Le di un beso en la mejilla y sonrei.
- Ya se que no es sabado, pero lo quiero igual - Me dijo casi indignada.
- Ok. Te traigo entonces, dale. - Contuve la risa para no perder el papel - Dame un beso.
Se despidio, y me despedi.
Nunca imagine lo que estaba por suceder.

Las cosas no iban tan bien como queria aparentar. Tenia una oficina de seguros en el centro, que ultimamente creaba mas deudas que ganacias, situacion que en cualquier momento iba a desembocar en el cierre total del local. O por lo menos eso estimaba yo.
Obviamente Jessica no sabia nada, era un problema que debia superar solo. Era el supuesto hombre de la casa, ¿o no?.
Pero por ahora aquel precipitamiento podia esperar. Todavia la oficina podia remontar. Todavia estaba la posibilidad de que alguien toque a la puerta y me ofresca diez mil pesos de regalo.
Pero hoy el dia estaba pesado. No hubo mucho movimiento, y el mediodia tardo mucho en llegar.
Me acerque a la vidriera y mire hacia la calle, parecia que iba a llover y eso terminaba de pisotear el poco aliento que me quedaba.
Entre el ruido de los autos que circulaban afuera crei escuchar sonar mi celular. Volteé hacia el escritorio, y lo escuche nuevamente. Me parecio extraño.
Abri el cajon donde siempre guardo el telefono, y observe la pantalla, -Numero Desconocido Llamando- rezaba. Atendi.

II
-Un Vuelto-

"Corranse que no puedo ver
el sueño como me espera"

La Renga

Diego Fernandez siempre fue una persona muy graciosa. De esas que no se toman nada en serio, que hacen chistes hasta cuando la situacion no es apropiada, que grita lo que cualquiera susurraria.
Si mi memoria no me falla, fuimos amigos desde los siete años, creo que mas que amigos, terminamos siendo hermanos. Atravezamos todas las vivencias adolescentes juntos, y nos reimos de cosas que la mayoria consideraria idiotas. Lo nombre padrino de mi primer hijo y testigo de mi boda, recuerdo que en mi despedida de soltero termino con el ojo izquierdo morado por intentar avergonzarme despojandome de mis ropas, le habia advetido que no soporto ese tipo de chascarrillos. Fue muy gracioso verlo luego maquillado en la iglesia para ocultar el hecho.
Pero años despues el destino finalmente decidio separar nuestros caminos por razones que aun desconosco, y lo ultimo que supe de él fue que estaba con unos cuantos kilos de mas y que se habia casado para luego divorciarse meses despues.

Se levanto temprano, sabia que el dia anterior no habia lavado los platos, y dejarlos unas horas mas en la pileta de la cocina daria como resultado una colonia de hormigas. Ya le habia pasado unas cuantas veces y matarlas a todas le causaba molestia.
Se destapo y noto que iba a ser un dia frio, y lo mas probable es que lloviera, la humedad se podia oler. No obstante, se levanto con el pecho descubierto, una bermuda vieja y descalzo.
Se dirigio al baño, abrio la canilla y se arrojo agua en la cara con las manos. Necesitaba abrir los ojos que todavia parecian sellados. Tanteo la pared casi a ciegas y tomo la toalla para secarse el rostro, y luego depositarla en su lugar nuevamente.
El hombre que veia un tanto borroso en el espejo definitivamente necesitaba un buen corte de pelo. A su criterio, la barba le quedaba perfecto, y no tenia pensado afeitarse.
Un poco mas despavilado se acerco a la cocina y observo la pila de platos que debia lavar, suspiro en señal de descontento y puso el agua a calentar.
- Ok. El detergente... - se dijo a si mismo buscando el lavavajillas con la mirada - Ahi estas - Señalo con el dedo el lugar indicado, detras de la lavandina.
Al acercarse a su objetivo, dio a cuenta que ya era demasiado tarde, las hormigas habian invadido el resto de comida, y esta vez parecian no tener inteciones de dar tregua.
A mano limpia comenzo a aplastar las que todavia estaban en la mesada, y luego hizo correr el agua para ahogar a aquellas que ya habian invadido territorio. Una vez que termino con todas, se dispuso a realizar la limpieza de los platos y acabo en unos instantes.
Apago el fuego que calentaba el agua y noto por la cantidad de vapor que ya habia hervido. De todas maneras limpio el mate de los restos de la yerba de ayer y antes de continuar con la preparacion fue que sucedio.
Dos golpes contundentes llamaron a la puerta. Diego deposito el mate sin terminar en la mesada y se dirigio a atender. Por dentro se preguntaba quien podia ser a estas horas de la mañana y le llamaba la atencion la forma en que golpearon. Si, estaba asustado.
- Quien es? - Pregunto con su mejor voz de hombre.
Silencio. Nadie respondio. Y justo en ese momento, Diego se arrepentia de no tener mirilla e intento espiar a traves de la ventana en vano, no se alcanzaba a ver nada.
- Quien es? - Insistio
Decidio no abrir, y supuso, o quiso suponer, que debio ser algun niño con ganas de molestar. Pero no. Su teoria se derribaba al escuchar otros tres golpes mientras vovlia a la cocina.
- La puta madre che - Tomo las llaves colgadas de un gancho en la cocina y busco en el llavero la indicada para abrir. Se acerco e inserto la llave en el cerrojo, dio las dos vueltas necesarias y entreabrio para ojear quienes eran los visitantes.
El golpe de puño en el rostro que recibio termino por desmayarlo, pero antes de que todo se vuelva negro, pudo ver dos figuras amenazadores, de estatura considerable y vestidas de cuero, dos figuras conocidas.

Desperto sentado, maniatado y con el ojo izquierdo morado, tal y como yo se lo habia dejado aquel dia. Se le dificultaba respirar debido a un fuerte dolor en el area abdominal, y penso que lo mas probable era que lo habian golpeado mientras permanecia inconsciente.
Abrio los ojos y miro a su alrededor. Se encontraba todavia en el comedor de su casa, pero totalmente a oscuras. Aquellas personas que irrumpieron en su hogar permanecian ahi, uno a cada lado.
- Loco, Ya le dije a Carlos que el viernes se la voy a dar - Dijo mirando al suelo y negando con la cabeza - Ya se lo dije!.
- Siempre decis lo mismo Diego - Resalto el sujeto a su derecha -, Carlos ya se canso de andarte atras, y decidio recordartelo de esta manera.
- No hace falta que me recuerden nada Ariel - Escupio algo denso, la oscuridad no le permitia ver del todo bien, pero podia haber jurado que era sangre - Tengo buena memoria - Continuo levantando la cabeza.
- Bueno, no parece - Respondio instantaneamente el sujeto de la izquierda -. A Carlos no le gusta tener que hacer este tipo de cosas, te conoce desde que eras un pendejo, no lo obligues a terminar haciendo algo de lo que se pueda arrepentir - El tipo parecia tener una paciencia fuera de lo normal, hablaba como si la situacion le resultara cotidiana -. Mira Diego, sabemos que la plata no la tenes, pero entende que la debes, y que si la debes, la tenes que devolver.
- Eso lo entiendo perfectamente -Se detenia a respirar -. Y no, la plata no la tengo, pero decile que la voy a conseguir - Sacudio las manos atadas, estaba molesto -. Y Sacame esto por favor Saul.
- Sacaseló Ariel - Ordeno Saul -. Esperamos que esto no supere estas instancias, sabes?, porque nos doleria en el alma si lo hiciera - La expresion en el rostro de este hombre era fria, pero cuando hablaba resultaba ser muy expresivo. Aun si no lo escucharas podrias entender lo que quiere decir. Diego comprendio que todo esto habia llegado muy lejos.
Ariel termino de desatarle las manos y lo ayudo a levantarse. Una vez de pie, Diego pudo sentir el dolor en todo el cuerpo, habia algo en él que deseaba que las luces permanescan apagadas.
- Carlos te quiere, y te va dar plazo hasta el Lunes que viene - Comento Saul abriendo la puerta por la que entraron -, tenes una semana entera para conseguirlo.
No respondio. Permanecio apoyado contra la pared del comedor tomandose los cabellos.
Los dos hombres abandonaron el lugar y él quedo solo, contemplandose a si mismo en aquel estado tan deplorable, analizando la situacion y tratando de resolver el problema mentalmente.

Diego habia perdido toda esperanza en aquella palabra conocida como "amor" y renegado se negaba a establecer una relacion seria y consumada. Su fe en las mujeres se habia ido junto con la ultima que lo habia abandonado, y considero que ya era suficiente.
Se habia casado solamente para proteger su integridad fisica. Ana habia quedado embarazada, y sus padres no apoyaban la nocion de que sea madre soltera. Fue un veintidos de agosto, por civil y seguido de una fiesta a la que concurrieron solamente los allegados.
La realidad no tardo en darse a conocer. El embarazo de su mujer resulto ser una farza, inventada por ella para retenerlo como marido, y el estaba casado con alguien que no amaba. Una situacion novelesca digna de llanto.
Las malas nuevas llevaron al conflicto, y se separaron en Febrero del año siguiente. Diego era soltero de nuevo, pero carecia de dos cosas basicas, techo y trabajo.
Se prohibio a si mismo volver con su madre, se creia capaz de salir de esta situacion solo, y comenzo a buscar alternativas.
Resulta que Carlos era un viejo amigo de la familia Fernandez y reconocido como el mayor traficante de drogas del barrio. Lo demas es historia.