I
-Los Hombres de Negro-
“If You Having Girl Problems, Thats Too Bad For You Son,
I Got 99 Problems But The Bitch Ain’t One”
-Jay-Z-
- Quien Habla? – Pregunte consternado
- ¿Diego? – la voz de un hombre y definitivamente lo conocía –, ¿Sos vos Rapero?
- Si, Diego Acuña – Pocas personas me recordaban por ese pseudónimo, pero arriesgaba solo un nombre.
- Gracias a Dios que te encuentro boludo – parecía jadear, como si estuviera corriendo, estaba agitado -, pensé que habías cambiado el celular o algo.
- No, sigo teniendo el mismo numero – hice un pequeña pausa y proseguí – pero, ¿Quién Habla? – la conversación comenzaba a ponerme nervioso.
- El Gordo – dijo -, Ya ni me conoces la voz, ¿no?
Diego Fernández llamándome por teléfono era algo demasiado raro como para no desconfiar de la situación. Ni llegaba a recordar cuando había sido la última vez que aquello había sucedido, pero estaba seguro de que había pasado mucho tiempo.
Su voz, si bien era la misma, denotaba tristeza.
- En realidad la conocía – conteste sonriendo -, pero me costaba pensar quien podía ser. Además, perdí tu número la última vez que cambie el celular…
- No puedo hablar mucho ahora, pero necesito tu ayuda – diferencie un brusco cambio de humor en su voz, definitivamente estaba corriendo, y de fondo se escuchaban automóviles frenando y gente hablando, deduje que se encontraba en plena calle -, ¿Todavía tenés la oficina en el mismo lugar? – pregunto tomando un respiro.
- Si Diego, en el mismo lugar – me preguntaba en que podía ayudarlo precisamente yo, y nunca me gusto quedarme con alguna duda -, te espero entonces.
- Bueno dale, voy para allá – se detuvo a tomar otro respiro -, esperáme que en media hora estoy - y corto la comunicación.
Conversación extraña si las había.
Me quede recordándonos adolescentes por un segundo, y sonreí en medio de la confusión. ¿Qué era lo que estaba pasando?. Eso era justo lo que quería averiguar pero, por ahora, Diego sería una simple visita inesperada.
Guarde el celular en el cajón de siempre y encendí la radio, no soportaba el silencio extendido y mientras repasaba la conversación mentalmente afuera la lluvia comenzaba a mojar el asfalto y la gente se había esparcido o refugiado en sus casas dejando a la calle casi solitaria, arriesgaba que iba a granizar.
Pasaron dos horas desde el inesperado llamado y me resigne a la idea de que había sido una confusión, o tal vez había resuelto el problema sin mi ayuda. Entonces me dirigí al fondo de la oficina, donde tengo preparada una suerte de cocina, y encendí el fuego para calentar agua, pensaba que el clima ameritaba por lo menos un té, y mientras apoyaba la pava escuche que llamaban a la puerta.
“El Gordo”, dije hacia mis adentros.
Me asome a espiar si estaba en lo correcto, pero no. Un auto negro había estacionado en frente y dos hombres esperaban ser atendidos hablando entre ellos bajo la lluvia que empapaba sus trajes negros y despeinaba sus cortos cabellos. El día se tornaba cada vez más enigmático.
Me acerque con las llaves y abrí la puerta.
- Buenas tardes – dije cortésmente al atender – pasen, esta jodido el clima para quedarse afuera.
- Ciertamente – dijo el mas alto -, esta jodido. Esta lluvia es insoportable. Permiso – Concluyo
- Si, por favor – no me parecían demasiado confiables, pero no tenia mas que mi intuición como evidencia -, tomen asiento – dije señalando las sillas frente al escritorio mientras yo me acomodaba en mi sillón y apagaba la vieja radio.
- ¿Diego Acuña es usted verdad? – preguntó el petiso.
- El mismo – Si, sabían mi nombre, pero seguía sin significar nada -, ¿En que puedo ayudarlos?
- Mi nombre es Luis Ángel Duantan – para mi, el mas alto de los dos. Su rostro no inspiraba ningún tipo de amistad, a primera vista parecía un hombre bastante complicado, serio y arriesgaría que hasta violento. Por su forma de hablar también era respetuoso, y el responsable de los dos – y el Señor a mi lado es Miguel Herrera, mi secretario – dijo sonriendo y señalando al individuo a su derecha, quien parecía ser su especie de mulo y quien por cierto no parecía tener problema con que lo calificaran como tal -, sentimos molestarlo en su horario laboral por eso vamos a tratar de ser breves.
- No hay ningún problema – interrumpí -, dígame.
- Tenemos entendido de que usted conoce al Sr. Fernández Diego – continuó Luis apoyando sus codos en el escritorio -, y que hace unas horas recibió un llamado a su celular – sospechosamente sabían de la extraña comunicación -, ¿Es esto verdad?
- Conozco al Sr. Fernández, así es – respondí -, somos viejos amigos de la infancia, pero no, no recibí ningún llamado, de hecho, hace años que no nos vemos – no sabia porque me pareció necesario ocultar esa parte de la información, en definitiva ni sabia quienes eran estos individuos -. Pero, no entiendo, ¿Quiénes son Uds.?
- Esa pregunta ya la contestamos, Luis y Miguel, como el cantante, pero por separado –miro con complicidad a su secretario y sonrió al responder tan perspicazmente, casi orgulloso de su intelecto.
- Perdón, pero carezco de humor alguno – respondí -. Reformulo la pregunta, ¿Quiénes son Uds. para venir cuestionarme de esta manera? – mi semblante se torno repentinamente serio, ya no me gustaba nada la forma en que se comportaban.
- Creo que usted sabe muy bien quienes somos – la sonrisa dibujada en su rostro se desvaneció y fue reemplazada por una mirada intensa y acusadora -. ¿Y sabe que?, creo también que también esta al tanto de que es lo que buscamos.
- Estoy al tanto de que buscan a un viejo amigo, de eso estoy al tanto. Y yo creo que están muy mal informados – no tenia otra opción que contestar cortés y seriamente, debía lograr que se retiren por las buenas y averiguar que estaba sucediendo -, les repito que hace años que no nos hablamos, ahora por favor retírense. No necesito ningún tipo de escándalo en mi oficina.
- Si no tiene nada que ocultar, entonces calculo que no tendrá problema con que simplemente Miguel revise el fondo – propuso casi sin darme opciones -, ¿Verdad?
- Si, tengo problemas con que Miguel revise el fondo – poniéndome de pie y tomando las llaves los invite a salir -. Por favor, acompáñenme a la puerta.
- Me parece que todavía no tiene clara su situación – permanecía sentado - Se la voy a explicar brevemente – respiro profundamente antes de proseguir con su amenza-. Usted se va a callar la boca y va a dejar de cuestionarnos porque no quiero ninguna queja más – y concluyo retirando de su saco un revolver color plata que termino de cerrar mis dudas.
Y claro, faltaba un arma para que mi vida se convirtiera de repente en una película de Hollywood, y ahí estaba, apoyada sobre el escritorio de mi oficina, custodiada por un hombre que intimidaba con simplemente mirarte. Obviamente hasta allí llego el héroe, no me quedo mas que dejarlos revisar.
De fondo se escuchaba la lluvia al golpear los charcos en el asfalto tan claramente como si estuviera sucediendo dentro de la oficina.
Miguel no cruzo la puerta del fondo sin antes desenfundar su arma también, y apoyado contra la pared se dispuso a entrar sorpresivamente.
- Entra de una vez, ¿Querés? – Dijo Luis tomándose el cabello -, no me quiero quedar a dormir.
- Si Jefe – respondió Miguel al abrir la puerta con un fuerte puntapié y arrojándose dentro de mi cocina rápidamente para aterrizar en el suelo -. No hay nadie Jefe – una vez dentro, obviamente, lo perdí de vista, pero por lo que podía escuchar ya se había puesto de pie y se sacudía el saco mientras avanzaba.
- No demos mas vueltas Diego – me susurro Luis creando círculos imaginarios con su revolver en el aire -, si sabes donde esta tu amigo decímelo ahora, y nos evitamos varios disgustos – no respondí.
- Jefe, venga a ver esto – llamo Miguel un tanto alterado – Tiene una puerta que da a la calle, y esta abierta.
Luis fijo su mirada en mi persona y golpeo el escritorio con su mano. Si, estaba disgustado, y bastante.
- Si, hay una puerta en el fondo – remarque encogiendo los hombros -, da al otro lado de la calle y justamente suele abrirse con el viento. No entiendo que tiene que ver eso…
Justo ahí mi declaración era interrumpida por un sonido seco, seguido de un grito desgarrador. Luis se puso de pie empuñando su arma, y casi sin darme cuenta ya se encontraba corriendo a investigar. ¿Qué había pasado?
Me quede solitariamente sorprendido con lo que estaba sucediéndome, definitivamente no era un día normal en mi vida, nunca me había pasado nada que no estuviera planeado y todo esto definitivamente no estaba en mis opciones mentales. Sentía una adrenalina fuera de lo normal y sin poder contener mis ansias de saber, me dispuse a investigar por mi mismo.
II
-
“Tell the rumbler, the gambler, the backbitter,
Tell’em that god’s gonna cut’em down”
-Jhonny Cash-
Se quedo pensando toda la tarde allí sentado en el frío suelo de su comedor sin encontrar solución a su situación. Necesitaba poco más de cincuenta mil pesos antes del lunes para lograr que, al menos, no lo asesinen a sangre fría, y solo tenía un puñado ahorrado por si sucedía algo inesperado.
Esto sí era algo de esperar, sabia que algún día sucedería, y aun así no le alcanzaba para cubrir ni el diez por ciento de su deuda.
Contemplo la idea de escapar, de tomarse el primer avión que salga a cualquier parte del mundo y no detenerse hasta encontrar un lugar donde refugiarse el resto de su vida. Pero sabía que esa opción solo le arruinaría la existencia, pues viviría con la idea de que iba a llegar el día en el que despertaría con tres disparos en el pecho. Y la descarto.
Las lágrimas no dejaban de rozar su rostro y afuera la tormenta no cesaba.
Tocaron a su puerta.
- ¿Quién es? – pregunto paranoico al ponerse de pie.
- ¡Mafú gorda, abrí!
Lucas, alias Mafú, era un amigo de su infancia. Pequeño en estatura, de ojos oscuros y cabellera prominente siempre resultaba ser el más gracioso en cualquier situación. A mi criterio se parecían en un aspecto, no se tomaban nada en serio. Vivian en el mismo barrio, y solían juntarse todos los fines de semana con el resto del grupo en alguna de sus respectivas casas a tomar algo mientras jugaban al “Truco”, pero eso había terminado años atrás, y últimamente solo se veían si era absolutamente necesario.
Diego busco las llaves con la mirada, las encontró detrás del vaso de agua del que había estado tomando y abrió.
- Dejáme pasar boludo – dijo Lucas abriéndose paso con su bolso a cuestas -, y cerrá con llave.
Miro por unos segundos a su invitado como explicándole que no le tendría que estar diciendo que hacer. Pero cerro, y con llave.
- ¿Estuviste llorando gordo? – continuó Mafú entre respiros - ¿Que paso ahora? – Lucas parecía demasiado nervioso, tenía los ojos irritados y no paraba de temblar -. Ni me contestes. Dejáme que te muestre algo – concluyo apoyando el bolso en el suelo.
- Lucas, no estoy de humor para que me muestres nada de las cosa que vendes– dijo Diego mientras tomaba asiento en una de las sillas que rodeaban la mesa de su comedor -. Y no, no estuve llorando, recién me levanto.
Mientras, Mafú intentaba abrir el cierre del bolso desesperadamente, al parecer estaba atascado y no se le hacia nada fácil..
- No tenés idea lo que tuve que pasar Gordo – los nervios le dificultaban aun mas la apertura -, no puedo creer que haya hecho lo que hice – Se tomaba largos respiros antes de pronunciar cada oración. Diego lo conocía de hace años y nunca lo había visto así, con la mirada perdida, pero aun no entendía que era lo que Mafu pretendía y estaba seguro de que sea lo que sea, debía tomarlo con mucho cuidado -. No se que paso al final con todos los que estaban ahí, pero yo me fui – dijo mientras le aplicaba un puntapié al bolso-. ¡Mira esto!.
Abrió el cierre por completo y revelo el interior, dentro del bolso había más dinero del que Diego podía haber imaginado ver en toda su vida. No tenia idea de la cantidad, pero arriesgaba mentalmente que eran por lo menos dos millones de pesos en billetes de cien. Por unos momentos se mantuvo en silencio, simplemente observando la salvación que estaba esperando, no podía creer que se le haya presentado tan fácilmente, y fue justo eso lo que lo hizo dudar.
- ¿De donde sacaste esto Lucas? – pronuncio mientras se arrodillaba a revolver entre los billetes -. Es muchísima plata. ¿Qué cagada te mandaste?
- Eso es justo lo que vengo a contarte – comenzó a caminar en círculos mientras relataba su historia.
III
-El Atraco-
“When The Music Is Over”
The Doors
La situación se venia cocinando hace un par de semanas ya. Tenían un contacto dentro del banco, que los había informado de todos los movimientos de dinero que se realizaban en un día normal y estaban al tanto de la seguridad con la que el banco contaba, tanto dentro, como fuera del establecimiento.
El plan era confiable, sabían que cabía la posibilidad de que se vea alterado por situaciones que no habían considerado, siempre había imprevistos, pero para resolver esos posibles inconvenientes era que llevaban las armas, así que no deberían haber problemas mayores.
Detuvieron el viejo Renault 12 del padre de Lucas frente al Banco Nación ubicado en la localidad de San Esteban. El barato reloj de plástico que Adrián llevaba en la muñequera marcaba las doce del mediodía, justo el horario en que, según Bernardo, su contacto, el camión blindado llegaba a retirar el dinero acumulado, hora en la que debían ingresar.
- Bueno che, adentro nomás – Lucas estaba demasiado nervioso, tartamudeaba al hablar, pero sabia que el reloj corría -, ya estamos jugados.
- ¿Trajiste las mascaras? – pregunto Adrián.
- No pude conseguir las que queríamos – remarco encogiendo los hombros -, asi que le robe a mi hermana las que le habían quedado del cumpleaños – tomo un bolso del asiento trasero y abrió su cierre -, igual, despreocupáte, no van a saber quienes somos con estas – concluyo retirando del bolso dos caretas.
Adrián tomo una en sus manos y observo ambas por unos segundos. Pensó en abandonar todo y volver a su hogar, no se creía capaz de usar una careta de aquella vieja serie para niños que tanto llego a odiar de joven, los “Teletubbies”.
- Bueno che, hice lo que pude – contesto Mafú a la expresión obvia de descontento de su compañero -. Vos quedáte con la violeta que por lo menos no esta rota.
- Sos un hijo de puta – respondió Adrián mientras retiraba una escopeta del asiento trasero -. Tomá, salgamos antes de que te golpee.
Ahí fue que vieron al camión blindado cruzar la esquina y dirigirse hacia el banco. Según el plan, ellos debían entrar segundos después que los agentes de seguridad, tomarlos por la espalda, desarmarlos y usarlos como rehenes al ingresar; encerrar a todos los clientes dentro de algún cuarto, tomar el dinero que estaba dispuesto a ser retirado por el camión y partir con los rehenes a cuestas rápidamente.
Se colocaron sus respectivas mascaras, se armaron y abrieron las puertas del Renault dispuestos a realizar el primer gran atraco de sus vidas.
Cruzaron la calle corriendo y entraron desaforadamente. La puerta de calle daba a un pasillo que terminaba en una escalera corta, al subirla, una puerta comunicaba con la sala de espera y las cajas.
Una vez dentro, reducieron a los agentes de seguridad por la espalda y los obligaron a entregar sus armas sin ningún inconveniente. Lo siguiente era ingresar a la sala de espera con sus rehenes a cuestas, y eso se dispusieron a hacer.
- Mandáte vos primero, pega unos gritos y después entro yo – ordeno Lucas un tanto nervioso mientras apuntaba con su escopeta a la cabeza del guardia.
Adrián tomo a su rehén por las ropas y lo arrastro por las escaleras. Todo pasaba demasiado rápido por su cabeza, no había tiempo para detenerse y pensar en nada, sabia que el plan tenia demasiados agujeros por los cuales mirar, pero necesitaba el dinero y a estas alturas no le quedaba ninguna salida.
Ingreso a la sala de espera y disparo hacia el techo para llamar la atención de los presentes.
- ¡Todos al piso ya! – Exigió -, ¡Esto es un asalto! – siempre había querido decir eso en voz alta, ¿Quién no?.
Luego de que Adrián desarmo a los guardias del banco y tenía controlada la situación dentro, Mafú ingreso con el rehén a cuestas y obligo a todos los presentes a colocarse contra la pared, observo rápido pero cuidadosamente los rostros de todos los clientes y empleados, sus expresiones de terror eran algo inexplicable, y le llamo la atención que Bernardo no se encontraba en ningún lado.
Adrián tomo de la ropa a un empleado del banco y lo arrastro hasta las cajas obligándolo a entregarle las bolsas de dinero que estaban destinadas a trasladarse.
Y ya con el botín en su poder lo único que restaba era volver al vehiculo y escapar, pero antes se le ocurrió otro posible destino.
- ¿Dónde están las cajas fuertes? – pregunto al empleado.
- En el fondo, pero yo no tengo la llave – respondió.
- ¿Quién la tiene entonces?
- El gerente – resalto señalando a la multitud -, es aquel de camisa rayada, el tercero de la fila, Rodolfo se llama – al maleante le sorprendió la manera en la que se le puede sacar información a alguien cuando se lo mantiene bajo el calor de un arma.
- ¡Mafú, trae a aquel de camisa rayada! – grito a su compañero
- ¡Vámonos boludo!, ya estamos completos – pensaba que el permanecer ahí por unos minutos mas seria suicidio -, no jodas, no hay tiempo.
- ¡Traélo dije! – Adrián se consideraba bastante espontáneo, en aquel momento permanecía demasiado exaltado y no midió ningún tipo de consecuencias. Si bien sabía los riesgos que estaban corriendo, no estaba satisfecho con lo que ya tenían en su poder.
Lucas se vio obligado a quebrar los planes contra su voluntad, tomo a Rodolfo y bajo amenaza lo traslado hacia el objetivo. Adrián había puesto en marcha una simple locura que se le había cruzado en un momento inoportuno, Lucas no estaba nada contento con lo que estaba sucediendo.
Obligaron al gerente a habilitar las copias de las llaves y se dispusieron a irrumpir en la privacidad. El pasillo detrás de las cajas comunicaba con una especie de puerta blindada que daba acceso a las cajas de seguridad de los clientes más exclusivos del banco. Ingresaron con las llaves del gerente y sabotearon varias cajas al azar, joyas, dinero, papeles, documentos, fotos, todo lo que estaba a su alcance fue a parar en una bolsa. Recién cuando Adrián se dio por satisfecho fue que iniciaron el escape.
Usaron a los guardias de burros de carga y los obligaron a llevar todo el botín al hombro. Rápidamente cruzaron la puerta que daba a las escaleras de la entrada y se dirigieron a la salida exterior y fue justo antes de cruzarla que Mafú escucho un estruendo a sus espaldas.
Adrián recibió tres disparos que terminaron por completo con su vida, y se desplomo en el suelo ante su sorprendido compañero. Para Mafú el tiempo se detuvo por unos instantes, se remonto mentalmente a la infancia y a todos los momentos que había compartido con aquel individuo que tenía enfrente y no tuvo otra opción que responder al ataque con más disparos que desembocaron en la inevitable muerte del guardia.
El pasillo era un río de sangre y Lucas, sin demasiadas opciones, tomó las bolsas que pudo cargar y partió hacia el auto a las corridas.